Lasaña de setas

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¡Hola! Último mensaje del año y ya no da tiempo, pero por si acaso estás desesperado porque falta un rato para que suenen las campanadas y todavía no sabes qué poner en la mesa, igual esta receta te salva la vida. Y si no… puedes hacerla cualquier otro día, porque como siempre se hace en unos pocos minutos.

La lasaña es un plato muy versátil. Se puede hacer con muchas variantes, así que es cuestión de experimentar con distintos rellenos, con tomate, con bechamel -que también se puede hacer vegana, ya os explicaré cómo-, con especias, sin especias… En fín, como te dé la gana XD

QUÉ TE HACE FALTA:

  • Setas (de las que se encuentran en bandejas en cualquier supermercado).
  • Una lata de champiñones enteros
  • Una latita pequeña de guisantes.
  • Láminas de pasta, ya sea grandes para lasaña o pequeñas de canelones.
  • Aceite de oliva
  • Tomate frito
  • Orégano, pimentón dulce, pimienta, perejil picado, sal.


CÓMO SE HACE:

  • Pon a cocer las láminas de pasta en agua con un poco de aceite para que no se pegue al recipiente. Si son de las cuadradas para canelones, calcula 6 para cada persona: Tres para la base de la lasaña y tres para la parte de arriba.
  • Mientras tanto, trocea las setas y los champiñones en trocitos pequeños y los rehogas en una sartén con algo de aceite caliente, no demasiado. Después añades los guisantes y deja que se hagan un poco. ¡Recuerda que las setas pierden tamaño según se hacen!
  • Añade las especias y la sal, en la proporción que creas conveniente. Así queda: (pincha en la foto para verla más grande)
  • Cuando se haya cocido la pasta, coloca las partes correspondientes en el fondo del plato y coloca encima el relleno de manera uniforme para que quede bien repartido, pero deja un poco más reservado.
  • Coloca encima el resto de la pasta, y encima de esta pasta, pon el resto de relleno que has reservado, en un montoncito en el centro. Alrededor de este montoncito, pon un poco de tomate frito.
  • Añade orégano y perejil. La pasta se enfría rápido cuando se saca del agua, así que igual vendría bien meterlo en el microondas a tope un minuto, puede que menos.

Y nada más. Mira qué pinta cuando ya está terminado. Parece una comida navideña, ¿sí o no?

Pincha en la foto para verla grande

Para mi gusto esta receta está mejor con bechamel, por supuesto también vegana, que ya os enseñaré otro día cómo se hace. ¡Que aproveche! Os animo a que lo probéis y me contéis qué tal os ha parecido, que nunca me contáis naaa!!! 😉

¡Por favor, por favor, vuelve pronto!

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Hace unos días falleció el maravilloso Drubwang Rimpoché, un lama tibetano que ha hecho meditaciones larguísimas en solitario -de hasta diez años- y que consiguió alcanzar la realización del Mahamudra, uno de los estados mentales más elevados que se pueden alcanzar. Todos los budistas esperamos que pueda renacer muy pronto para seguir enseñando e inspirándonos con su compasión infinita por todos los seres, como publiqué hace un rato en mi web de budismo, Sangha Virtual.

Precisamente hace un momento he encontrado una cita suya hablando sobre comer animales:

“Si se tiene una fuerte determinación, se evitará cometer malas acciones a toda costa y bajo ninguna circunstancia. Por supuesto que tenemos dificultades al ser completamente vegetarianos. Sin embargo, cuando tales obstáculos se presentan, debemos recordar el hecho de que todos los seres sensibles, de una forma u otra, han sido nuestros padres”.

Este consejo de Rimpoché viene de la afirmación budista de que todos los seres sintientes avanzamos en la existencia viviendo, muriendo y renaciendo una y otra vez arrastrado por las consecuencias de nuestros propios pensamientos y actos, es decir, por la ley del karma. Cada uno de nosotros ha existido durante vidas suficientes como para que todos los demás seres hayan sido nuestros padres alguna vez. Pensar en esto, que cualquier otra persona o animal ha sido nuestra madre o nuestro padre en una vida anterior, nos inspira a tenerles un cariño y una consideración especial.

Yo aun diría más, y es que aunque uno no crea en el sistema de renacimientos, igualmente es una idea que le hace a uno pensar de qué manera todos somos iguales. Aunque tengamos un aspecto físico diferente, costumbres diferentes, cada uno hagamos algo distinto cuando llegamos a nuestra casa, tal o cual manía, tal o cual postura ideológica, una personalidad, un idioma, una raza, un cuerpo diferentes, no solo entre una persona y otra, sino entre nosotros y otros seres diferentes, como los animales, y también los que viven en el agua, o los que son muy pequeños y tienen formas raras, o por qué no, los seres que viven en otros mundos, en otros planetas, en otros universos… aunque tengamos comportamientos diferentes, un aspecto diferente, etc, todos somos exactamente idénticos en que a ninguno nos gusta pasarlo mal; todos queremos ser felices por igual, proteger lo que consideramos más cercano, nuestra familia, nuestra comida, nuestros amigos, nuestro territorio… Todos buscamos ser felices por igual, aparte de que seamos más o menos conscientes de cómo acercarnos a la felicidad. En eso, todos los seres sintientes somos absolutamente idénticos.

Pensando de esa manera siempre, de manera permanente, creándose uno mismo una autodisciplina, una promesa, una “obligación amistosa” de tratar bien a los demás en todo momento, esforzarse por no enfadarse, ser paciente, ser compasivo, desear bienestar a los demás, alegrarse cuando a los demás les van bien las cosas, etc, acostumbrándonos a pensar de esa manera, uno comprende mucho mejor qué significa comer animales y ser vegetariano deja de ser “una alternativa rara” a la alimentación -y el consumo en general- más responsable, por que ¿qué mejor responsabilidad, qué responsabilidad más importante podemos tener en nuestra mano que colaborar con la felicidad de los demás?

A mí no me gustaría que me tuvieran en una granja, pariendo crías todo el tiempo para segregar leche, que me estuvieran ordeñando todos los días no para alimentar a mis crías sino para hacer negocio con ella… ¿por qué voy a desearle eso a las vacas, o a nadie? Con ese cuerpo tan grande, las vacas podrían matarnos a empujones, a pisotones, a cornadas… y sin embargo son muy simpáticas y muy agradables! ¿Por qué voy a molestarlas? Los terneros, que no son otra cosa que vaquitas jóvenes, tienen miedo, curiosidad, ganas de jugar… como cualquier cría de cualquier animal. ¿Habéis visto cómo se divierten los cerditos cuando corretean por ahí? Hay muchos insectos que tienen comportamientos muy cariñosos con sus crías, más allá de limitarse a protegerlos para preservar la especie, y también animales que se comen habitualmente como las sepias, los calamares o los pulpos, son muy inteligentes y tienen comportamientos que solo pueden explicarse pensando en cosas como el cariño, el juego, la solidaridad… Las sepias -que en mi tierra llaman jibias- además de ser unas madres enormemente protectoras con sus crías, son uno de los animales más bonitos que existen, muy diferentes a cuando vemos sus cuerpos muertos en la pescadería, y se dice que los pulpos son tan inteligentes como los guacamayos, los perros o los delfines…

Conociendo a los animales, interesándonos por su comportamiento, o símplemente teniéndolos en cuenta y comprendiendo que compartimos el mundo con seres que no son humanos -muchísimos más que nosotros, además- es fácil darse cuenta de cómo todos los seres sintientes somos muy diferentes en muchos aspectos pero todos idénticos en cuanto a lo que posiblemente es lo más importante; la razón de ser misma de nuestra existencia: Querer ser felices.

Cualquier meditación, cualquier enseñanza, cualquier retiro, cualquier consejo, cualquier transmisión que pueda recibirse de un maestro budista está inspirado en ese deseo universal. Si eres budista como yo, hay muchas formas de rendirle homenaje, pero ninguna tan sublime y perfecta como esforzarnos por ser felices; de hecho, su función es ayudarnos a conseguirlo.

Decidir no alimentarnos con los cuerpos de los demás puede ser una forma maravillosa de empezar el 2008… ¡Que tengáis muy buen año!

Brócoli con ajo

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¡Buenas! Hoy os traigo una receta también muy simple, creo que la más fácil de las que he puesto hasta ahora. Es uno de esos platos que si no te gusta demasiado lo verde puede dar reparo probar, pero igual te pasa como a mí y resulta que te encanta! Es muy ligero, muy sano, no se tarda nada en hacer y puede comerse tanto solo como combinándolo con arroz, por ejemplo… ¿Qué, lo pruebas?

Haz click en las fotos para verlas más grandes

QUÉ TE HACE FALTA:

  • Brócoli. Sí, esa cosa que es como una coliflor pero no huele tan mal, es verde y cuando rompes un tallo parece como arbolitos, sí, eeeeso… (¡Y deja de jugar, NO son arbolitos! XD)
  • Aceite de oliva.
  • Ajo.
  • Sal.
  • Orégano (opcional).

CÓMO SE HACE:

  • El brócoli puedes comprarlo congelado en bolsas o bien natural, pero tienes que cocerlo igualmente hasta que esté un poquito blando. ¡No te olvides de lavarlo si lo compras natural! A mí personalmente me gusta más o menos en su punto: Que se mastique fácilmente (mejor, para digerir bien) pero que no se quede blando. Un truquillo para comprobarlo: Remueve los trozos cuando lleve unos minutos cociéndose y si ves que las puntitas verdes se están desprendiendo, seguramente ya está.
  • Cuando esté terminando de cocerse el brócoli -al loro porque son unos pocos minutos- ve calentando aceite en una sartén pequeña mientras pelas ajos en trocitos muy pequeñitos. y los echas en el aceite caliente hasta que estén dorados según te gusten más o menos quemaditos.
  • Escurre el brócoli y directo al plato. Entonces le echas por encima todo el aceite con el ajo, añade la sal, y así ya estará completo pero puedes echarle un poco de orégano.

Para mi gusto, caliento muuuucho ajo porque me encanta, y confiésalo: A tí también te gusta mojar pan en el aceitito caliente que sobra, ¿eh? Sírvete tú mism@ 😉

Puedes recitar oraciones, pero…

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Unas palabras sobre vegetarianismo de mi querido maestro principal, el Muy Venerable Lama Zopa Rinpoché, cuando una monja budista le preguntó si sería más conveniente hacerse vegetariana. En la foto, Rinpoché con su perro Mani… y su sombrero-croissant!!! XD


“Es lo mejor, evitar comer carne. Por supuesto, a veces hay gente que no tiene elección y deben comer carne. Pero en tu caso, es mejor evitar comer carne, por compasión. Antes de comer carne, piensa de dónde viene, en cómo le cortan el pescuezo al animal contra su voluntad, y el mucho sufrimiento que ha experimentado… Después de pensar en esas cosas, ¡no puedes comerte su carne! La carne podrá ser agradable para la persona que la está comiendo, pero no para el animal que tanto ha sufrido y que no ha muerto de forma natural.


Puedes recitar oraciones por el animal sacrificado, pero si comes su carne, todavía estás jugando un papel en su muerte. Si todo el mundo dejase de comer carne, entonces ni un solo animal más moriría con ese propósito…”