Un monje budista comiéndose un bocata con Coca Cola en un aeropuerto.

Una noche, hará cosa de 2600 años, el Buda explicaba a sus seguidores cómo debían entender su enseñanza. Señaló a la Luna con el dedo: El satélite era la enseñanza, decía, mientras que el dedo era él. Todo budista debe comprender, analizar, rebatir, discutir, estudiar y dentro de lo posible experimentar en primera persona las enseñanzas para comprenderlas realmente.

Así que no debería seguirse el consejo de alguien y seguirle o creerle por el simple hecho de ser quienes son: Uno debe pensar por sí mismo, preguntar, indagar, desmenuzar…

Desde luego que el Buda dió enseñanzas muy concretas sobre el vegetarianismo, aunque hay que tener en cuenta que en gran medida enseñaba el Viyana -el código que deben seguir los monjes- y aquellos eran otros tiempos, en una cultura en la que los alimentos no traían una etiqueta con los ingredientes e información nutricional, lo que deja muchas puertas abiertas a qué se refería el Buda con sus indicaciones sobre no comer carne. Se le podrían haber hecho montones de preguntas sobre vegetarianismo, de no ser por que había cuestiones mucho más importantes que atender y enseñanzas mucho más profundas, complicadas y urgentes.

Dentro del vegetarianismo hay dos grupos principales: Los ovolactovegetarianos, o vegetarianos “clásicos”, que se limitan a no comer animales muertos en general, y los veganos, que no solo no comen animales sino que tampoco utilizan su piel para vestirse ni se consumen derivados como la leche, independientemente de que el animal haya muerto o no. Así que entre los veganos esto es más una cuestión moral, una forma de vida, que un hábito alimenticio. Es un principio básico: No te comes una gamba igual que no te comes a tu primo.

(Por cierto: Creo que a estas alturas sobra decir que ningún vegetariano debería jamás bajo ninguna excusa comer ningún animal muerto, eso de ser vegetariano pero comer un poquito de jamón, o atún, o marisco, etc, es una excusa ridícula tanto para uno mismo como para el animal que se está comiendo y una persona que hace eso NO es vegetariana).

Ahora tengo 33 años y medio. Me hice vegetariano con 13 o 14 años, y sobre los 25 me hice vegano. Eso significa que me he pasado más de la mitad de mi vida sin comer animales; ¡no está mal! Pero desde hace un tiempo me paré a pensar hasta qué punto muchos veganos son veganos por una sincera preocupación por sus semejantes, o lo son por militancia, con una mentalidad activista y sistemática. Supongo que la inmensa mayoría de los veganos lo somos por las dos cosas a la vez, pero siendo budista y haciendo lo posible por mantener un equilibrio entre una vida laica occidental y una práctica sincera y comprometida del budismo, empecé a darle vueltas a la posibilidad de ser vegetariano no sistemáticamente sino ateniéndome al Dharma. Para quien no lo sepa, se conoce como Dharma al conjunto de las enseñanzas budistas pero más genéricamente a todo lo que es correcto o incorrecto, adecuado o inapropiado, virtuoso o desaconsejable, en función de qué papel tenga en el desarrollo espiritual de cada uno. Por ejemplo, ser paciente o compasivo con los demás es beneficioso tanto para ellos como para mí mismo; es acorde con el Dharma. Y así con prácticamente cualquier cosa que uno imagine, ya que las leyes de causa y consecuencia, de acción y reacción, en definitiva el karma, es universal; no hay nada que pueda escapar a ello.

Teniendo esto en consideración y sabiendo que el motor fundamental del budismo tibetano es la compasión, ¿es lo más adecuado hacer o dejar de comer según qué cosas o consumir según qué objetos ateniéndome a un ideario vegano? Podría decirse que sí, pero me doy cuenta de que debo mirar a la Luna, no al dedo de Buda: En tanto la compasión y el amor son la razón primordial para ser vegano, no. Esto puede parecer contradictorio, pero no lo es. Solo hay que fijarse un poco. Ejemplos:

Los veganos no comen queso; sin embargo existen animales que producen leche con la que se elabora ese queso de forma en que ni ellos ni sus crías sufren el menor daño ni la menor injusticia. Podrá decirse que el simple hecho de que un ser humano tome cualquier leche que no sea la de su madre es en sí mismo una injusticia, pero me estoy refiriendo a sufrimiento real y comprobable de forma empírica: Es correcto afirmar que existen animales en esta situación pero no les supone una merma de lo que ellos mismos comprenden como bienestar, ni tampoco del de sus crías, que siguen alimentándose de su madre y relacionándose de manera natural.

En el caso de los huevos, los más consumidos suelen ser los de gallina. Las gallinas son animales muy sociales y familiares. Se sabe que no son tan tontas como a veces se cree, sienten mucho aprecio por sus semejantes y en las granjas avícolas es muy fácil que sufran depresión, problemas de nervios, etc. Esa es la razón por la que les cortan el pico: Las gallinas ponedoras tienen tan poco espacio para moverse y sufren tanto estrés que se picotean las unas a las otras, sacándose los ojos y hasta matándose, así que les cortan el pico, con el gran trauma que esto supone. Sin embargo, las aves hembras suelen poner huevos cada cierto tiempo independientemente de que hayan sido fecundados o no. De hecho, hay gallinas que se comen sus propios huevos sin vida si no viene nadie a recogerlos. Considerando que también es válido afirmar que existen gallinas cuyo orden social y familiar es respetado y conviven tranquilas con humanos, reciben un buen trato y demás, es posible afirmar que consumir los huevos no fecundados de estas gallinas sí es acorde con el Dharma.

Es como otra enseñanza de Buda, que trataba sobre un hombre que recibe un flechazo. Enfadado, pregunta quién ha sido, por dónde se ha ido, a qué familia pertenece… y pregunta tras pregunta, perdiendo el tiempo pensando en a quién dirigir su rencor y en cómo preparar la venganza, lo único que consigue es morir desangrado.

Estoy en una fase rara desde hace unos meses, en la que hay según qué cosas que no sé si comer o no, puede que por falta de información, de costumbre o por simple indecisión, que de eso siempre he tenido mucho, pero me alegra pensar que puedo dar un paso más allá, permitiendo que el Dharma me enseñe y anime a callar, observar y pensar por mí mismo. En ello estoy!

Así que a partir de ahora, hala: Vegano de Dharma. Suena bien…

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