Te echo de menos. Mucho. Te hecho de menos. No llegué a tiempo para verte; andaba en otros asuntos. Quién sabe si de haberlo sabido hubiese estado ahí para defenderte, para arroparte, para besarte, para decirle orgulloso al mundo entero que por fín habías llegado…

Te quiero. Siempre te he querido. ¿Dónde estás? ¿Te van las cosas bien? Nada más lejos que pretender interrumpirte, nada de atarte a un mundo al que ya no perteneces. Es solo que a veces pretendo que seas quien nunca fuiste, y nunca podrás ser.

Cuando tuve pesadillas siendo niño, habrías sido tú… Cuando me daba miedo el monstruo del armario, habrías sido tú quien lo hubieras dejado todo por venir a consolarme. Casi te veo en recuerdos inventados, defendiéndome de la angustia de ser humillado en el cole. Tú habrías estado ahí. Me habría dormido entre tus brazos. Te habría contado secretos…

Te hecho de menos. Mucho. Muchísimo. Te echo de menos tanto que no puedo más que quererte y desearte todo lo mejor, todo lo más bonito, todos los cariños, todas las cosas preciosas que que tú jamás me diste. Todas las cosas que nadie te dió en tu visita fugaz. No tuvimos tiempo…

No puedo culparte, ni quiero, ni tendría ningún sentido. Tú no te querías ir… pero alguien te esperaba. Otra gente, en otro sitio, en otro mundo, no lo sé… Demasiadas preguntas sin respuesta. Demasiado amor para preguntar. Demasiado miedo a hacer daño. Demasiado para olvidar.

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