Pues sí… llevo un tiempo pensando que debería volver a dedicarme al diseño gráfico, como el tiempo en que me estuve dedicando a ello como freelance, con más pena que gloria yo creo. Quién me iba a decir que los dos o tres primeros meses que quería pasar en Madrid poniendo cafés para después dedicarme a lo que realmente me gustaba se convertirían en tres años poniendo cafés acabando por dejar a un lado mi vocación.

El otro día leía en una revista especializada que los diseñadores no deben venirse abajo con esto de la crisis económica; más bien es una gran oportunidad para demostrar hasta dónde puede llegar el talento de un diseñador, no solo en un aspecto creativo sino a la hora de comunicar, de vender, sean productos o lo que sea. ¿Por qué no vender una oportunidad? ¿Es el diseño -y todo lo que conlleva, que no es poco- una de esas cosas que mientras lo demás se viene abajo, sale a flote más y mejor -y más necesario- que nunca? Porque no hay nada más dificil que vender cuando la gente no quiere comprar, y un diseñador no solo sirve para quitarle las arrugas a las fotos viejas de tu madre, sino para cambiarte la vida con tan solo mirar un cartel, si hace falta…

Así que mira, puede que sea cuestión de tiempo, pero creo que sí, que merece la pena ponerse las pilas, desempolvar la Wacom… o puede que conseguir una mejor, coleccionar flyers, suscribirse a la AyD, echar un vistazo a esas maravillas que en mis tiempos todavía hacía una tal Macromedia, tal vez hacer algún curso de refresco… y practicar, equivocarme fijo, aprender, mejorar…

Y no sé si mi currículum tendrá mucho o poco de interés, pero puedo asegurar que tendrá mucho de querer hacerlo bien. MUY bien. Por querer…

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