A quien más y a quien menos, a todos se nos queda grabada una frase de alguna película y por alguna razón se convierte en un lema, algo así como un mantra personal. Un pequeño gran consejo que siempre está ahí para echarle una mano a uno, sin saber bien cómo. Pero lo consigue.

En una de mis películas favoritas, un muy joven Dalai Lama juega a las batallas de soldaditos con uno de sus consejeros, que le amenaza: “¡Mis hombres son más fuertes! ¡Yo tengo a TODOS los hombres!” Cuando el actor que encarna a Su Santidad pone cara de pucheros, el consejero le dice que a veces se gana y a veces se pierde. Chasquea los dedos y sentencia: “Las cosas cambian, Kundun”.

Me encanta esa frase. “Las cosas cambian”. Es tan simple y a la vez tan obviado en nuestro día a día… No nos mata cambiar; somos demasiado egoístas y estamos demasiado entretenidos mirándonos el ombligo como para aceptar la idea de que uno mismo puede ir cambiando con el tiempo -a veces queriendo y a veces de forma inadvertida, a veces de golpe y a veces poquito a poco-. Lo que nos mata es tener que cambiar. No nos gusta, por alguna razón. Desde luego, la razón es que nos aferramos, nos acomodamos al “aquí y ahora” y todo lo que sea “allí y mañana” nos da una pereza que tira de espaldas. ¿Acaso no es algo natural?

De forma natural se han dado las circunstancias y aquí me veo, en una habitación que cada vez se parece más al cuarto vacío y triste que me encontré cuando me mudé a este barrio del Este de Madrid hace casi tres años. Hacía un calor de perros, igual que ahora. Pero ahora las cosas vuelven a cambiar y me voy a Alcorcón. Preferiría vivir en otro sitio, pero para qué nos vamos a andar con tonterías: Todos preferiríamos tener unas condiciones diferentes a las que tenemos en mayor o menor medida. Por preferir, preferiría vivir en un montón de sitios diferentes, pero como decía Noel Gallagher de Oasis, ¿para qué vas a tener muchas casas, si solo puedes dormir en una cama a la vez? Más razón que un santo, y la verdad es que en Alcorcón, más concretamente en Parque Lisboa, que es donde me voy a mudar en apenas unos días, me siento bien.

¿Me sentiré igual de bien cuando lleve un tiempo viéndolo todos los días? Espero que la posibilidad de aburrirme del barrio se retrase y para entonces ya me haya acostumbrado y el aburrimiento tenga que buscarse a otro a quien dar por saco. Las cosas cambian, guste o no, esté uno preparado o no, quiera o no quiera, para bien o para mal, dándote cuenta o sin dártela, poco a poco o de golpe y porrazo, todo cambia por más que se pretenda que no es así o que uno pueda dar marcha atrás. No se puede. Ni falta que hace.

Tan raro se hace dejar atrás x tiempo de tu vida, como reconocer que tienes delante tuyo una etapa nueva. Para ser más feliz, supuestamente. ¿Para qué íbamos a cambiar, si no, más que para ser más felices? Para intentarlo, por lo menos, ¿no? Al fín y al cabo la razón básica y fundamental de nuestra existencia es buscar ser más felices, sentirnos más a gusto. Es algo que todos buscamos sistemáticamente y que rige absolutamente todo lo que hacemos. Y con esta mente maravillosa que tenemos, esta capacidad de decidir, de buscar, de rectificar, de escrutar, podemos proponernos dar los pasos que sean necesarios hacia la meta de la felicidad; o hacer que cada paso nos haga un poquito más felices, sea donde sea que lleguemos.

Me mudo esta semana. Me mudo a vivir con mi novia, que se muda a vivir con su novio, llenos los dos de ganas de ser, aunque sea paso a paso, un poco más felices. Para eso lo hacemos, ¿no? Los sueños están para cumplirlos y ¿para qué correr tras ellos por correr? Bah, correr por correr solo sirve para cansarse tarde o temprano, como le pasó a Forrest Gump.

Tengo muy pocos sueños. Prefiero no tenerlos, porque soñar es solo eso: Soñar, desear, una esperanza inventada. Alguien dijo una vez que “las utopías no son sueños imposibles, sino proyectos ambiciosos”. Y para mí los sueños son eso: Proyectos que poner en marcha y completar con éxito. Soñar por soñar, correr por correr… hace años creía en esas cosas. Ahora creo en que los sueños están para olvidarlos o para cumplirlos, por más que uno piense en lo raro que es estar ahora en esta habitación medio vacía, o en lo raro que es entrar en lo que a partir de ahora está previsto que sea nuestro hogar. Cambiar siempre es raro (signifique lo que signifique), pero así es la cosa. Las cosas cambian. Y en gran parte de los casos, en nuestra mano está meter la pata hasta el fondo, o completar el sueño con éxito.

Vamos allá 😉

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