En la pequeña ciudad de la periferia de Madrid donde vivo suelen pegarse en las marquesinas de autobús muchos carteles, en su mayoría en gran formato para grandes fiestas o inauguraciones de discotecas. La semana pasada abrieron una cuyo logotipo parece ser una adaptación (llámese plagio) del logo de Warner Bros. No solo es plagio -porque imagino que no se habrán tomado su tiempo para contactar con la Warner, solicitar la autorización permanente y haberla conseguido- sino que además el resultado es verdaderamente horroroso, con todos mis respetos por la persona que se haya encargado de hacerlo.

Es lo que opino yo como humilde-diseñador-don-nadie que me considero, con ciertos conocimientos, un tanto de experiencia y mucho interés por estas cosas. “¡Yo es que en esas cosas no me fijo!”, me decía el otro día mi novia. Y es cierto, la gente que espera el autobús seguramente tampoco lo enfoque de esa manera, lo que me lleva a pensar en el tercer vértice del triángulo comunicativo: El cliente.

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