En un foro donde entro habitualmente alguien comentaba una anécdota: Unos empresarios españoles iban a presentar un proyecto en Japón. Llegan 15 minutos tarde a la reunión y una secretaria les dice que su tiempo se ha acabado, pero que estarán encantados de atenderles el mes que viene. Por más que protestan los españoles porque los japoneses no les han tolerado el retraso, son amablemente invitados a volver otro día. Se abre así el debate sobre qué nos gusta más, trabajar en serio o salir a echar un cigarrito.

Yo creo que es simplemente cuestión de no fijarse, como siempre. No creo que haya un problema generalizado de vagancia por parte de los trabajadores, sino un problema generalizado de falta de observación por parte de los empresarios.

Para mí es imposible no decir esto sin acordarme de Google, una empresa increíblemente productiva con un éxito apabullante y donde a la gente le encanta trabajar.

Un vistazo a su decálogo de “Primeras 10 razones para trabajar en Google”:

1. Echa una mano.
2. La vida es bella.
3. El aprecio es la mejor motivación.
4. Trabajar y divertirse no son excluyentes.
5. Queremos a nuestros empleados y queremos que lo sepan.
6. La innovación es nuestra sangre.
7. Buena compañía allá donde mires.
8. Uniendo al mundo, un usuario cada vez.
9. Dirígete hacia donde nadie haya estado antes.
10. Después de todo… tienes almuerzo gratis.

¿Cual es la realidad de la inmensa mayoría de trabajos en España?

1. Se echa una mano si me levanto con buen pie. Si no, que le den por saco a todo.
2. La vida será bella cuando mi sueldo sea el doble y los ejecutivos pringuen tanto como yo.
3. Si se aprecia a los compañeros es de penalty, no porque lo consideres un valor necesario.
4. Ni de coña: A divertirse a tu casa. Aquí se viene a trabajar.
5. No, está claro que mi empresa ni me quiere ni me lo hace saber, y si me lo hace saber, no me engañan.
6. Para qué innovar si con hacer lo mismo de siempre voy a cobrar y punto.
7. No hay buena compañía que valga. Si te toca turno con un compañero insoportable, te aguantas.
8. Si te mandan trabajar, agachas la cabeza y listo. No te quedan ánimos para sonreir a cada cliente.
9. No puedes tener ningún objetivo si tu trabajo es hacer exactamente lo mismo día tras día.
10. Almuerzo gratis, lo que se dice gratis… ¿el bocata que me lleve preparado de casa…?

Y aunque el vuestro no sea así, la realidad es que la inmensa mayoría sí que vivimos en esa situación.

Desde luego que el buen ambiente que se pueda tener en el trabajo depende en gran medida de cada uno, pero ¿por qué debería ser asi? ¿Y por qué cuando se intenta que no sea así, se gestiona de manera incorrecta? Me refiero a que cuando tu jefe se quiere portar bien contigo, te dice que descanses un ratillo y os bajáis 10 minutos a la cafetería -donde te pone la cabeza como un bombo con cuestiones de trabajo, claro- y se acabó, te ha salvado la vida y adiós con su conciencia. ¿No sería más productivo, divertido, llevadero y hasta apasionante que directamente trabajase contigo, si no codo con codo físicamente, al menos juntos mentalmente, de forma empática? Mi padre muchas veces me lo ha dicho, que él ha tenido que aguantar mucho y que el trabajo es así, que si te regañan o te toca un imbécil al lado, te aguantas y agachas la cabeza y sigues a tu rollo. Yo me resisto a eso con todas mis fuerzas. ¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué aquí tenemos esa cultura de que ir al trabajo es como cuando de niños nos teníamos que levantar para ir al cole, llorando y pataleando?

Para mí la clave está en que no haya tanta diferencia entre unos y otros. Que si yo soy más veterano, que si tú eres el encargado, que si yo mando y tú no, que si… Es como cuando encuentran una patera con 50 personas a bordo, muertos de hambre y frío, y se los lleva la guardia civil por un delito contra los trabajadores. Yo alucino, son SERES HUMANOS, personas como tú y como yo, no hormigas ni abejas, ni mano de obra para nadie, sino personas…

En cierto modo a la gran mayoría de los trabajadores se nos trata igual. Los empresarios no tienen ni la menor idea -y si alguna vez la tienen, no lo quieren reconocer- que para que un trabajador sea realmente productivo tiene que pasárselo genial en su trabajo, tener flexibilidad, que si hay momentos estresantes que sea por la propia dinámica de lo que estás haciendo, NO porque tengas a alguien dándote por saco. Que es necesario levantarse cada x tiempo, o sentarse a descansar cada x tiempo, distraerse y pensar en tus cosas para volver a tu puesto con las pilas recargadas, que tus compañeros sean como tus hermanos… Los que habéis visto This Is It, la película de los ensayos de Michael Jackson, ¿os parece que los bailarines y demás equipo técnico tengan la impresión de estar “trabajando”? Pues eso es lo que estaban haciendo, pero mira qué jefes, mira qué encargados, mira qué responsables…

¿Sabemos trabajar? Pues claro que sabemos, exactamente igual que un ejecutivo de Tokio, por capacidad que no quede, pero se puede replantear el asunto de forma que uno realmente se alegre de ir al curro, se lo pase bien de verdad aun en los momentos serios, que si haces algo mal, la respuesta no sea la cagada que has hecho y lo inútil que eres, sino que confían en tí para que la próxima vez lo hagas mucho mejor, que eres capaz sí o sí, de forma sincera, no con buenas palabras y palmaditas en el hombro que sabes que no dejan de ser de un “superior” que se posiciona mentalmente por encima tuyo.

Es totalmente imprescindible que todos y cada uno de los empleados de una empresa, desde el presidente o el director general hasta la limpiadora que empezó ayer, todos sean vistos ANTES como personas con sentimientos, debilidades y pasiones, que como empleados. Que una alegría laboral sea una alegría personal. El otro día escuché a Luis Bassat, ese gran gurú de la publicidad, diciendo que la mejor idea de una campaña publicitaria de éxito perfectamente puede salir del becario nuevo que empezó ayer.

¿Habéis visto que cuando uno tiene un éxito en el trabajo, por lo general es un éxito porque sabemos que vamos a cobrar más? No tendría por qué ser así, al menos no necesariamente. Está super bien cobrar más, os lo dice uno que muchas veces no llega a los mil, pero por otro lado, aparte de mi empleo poniendo cafés, me dedico -o eso intento- al diseño gráfico, y os aseguro que lo que me hace seguir poniendo toda mi pasión en la comunicación visual, el diseño, la publicidad y todas estas cosas, no es necesariamente lo que haya tenido de beneficio del último cliente, sino que ese último cliente me haya felicitado diciéndome que está muy contento con cómo le he llevado el proyecto.

Yo como diseñador, siempre pienso que cobro no solo en dinero, sino en satisfacción del trabajo bien hecho, no solo por mi parte sino -sobre todo- por parte de mi cliente, que mientras llega la hora de hacerme el ingreso en mi cuenta bancaria, cuando estoy hablando con él, preparando un briefing para una publicidad, o lo que sea, pensando en qué soluciones puedo ofrecerle y compartiendo con él mis ideas, me está pagando en forma de confianza. Eso pesa muchísimo a la hora de ponerle ilusión y pasión al proyecto, y sé que soy mucho más productivo si me puedo levantar a dar un paseo unos minutos, o hacer zapping, o escuchar algo de música, o si veo cada proyecto como un reto apasionante en el que puedo poner lo mejor de mí.

Y lo mejor de un trabajador es esa pasión, ese buen rollo, ese compromiso sincero, esa intención de querer hacerlo bien por uno mismo y no porque te estén calentando la cabeza todo el día, esa honestidad para con todos los que le rodean… y digo honestidad, no ya sinceridad: El jefe más estúpido te puede echar a la calle con toda la sinceridad del mundo y quedarse tan pancho. Para preguntarte qué tal te fué en el médico ayer o hacer que te sientas a gusto trabajando no hace falta sinceridad, sino honestidad.

Y por supuesto, todo esto no significa que uno pueda ser impuntual, como aquellos en Japón. Ser impuntual no es ser mal trabajador: Es ser maleducado.

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