¡Estáis completamente locos!

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Os voy a pegar una paliza a todos, que lo sepáis. Tranquilos, lo digo en el sentido cariñoso, con la lagrimilla asomando y todo eso. ¿Cómo es posible que un lunes, un lunes cualquiera de finales de verano, volvería de mis quehaceres (se escribe así, ¿no?) en una cafetería, encendiese mi querido Macbook Pro, abriese Chrome, y me encontrase con estas estadísticas en el dashboard de WordPress? ¡Si lo único que he hecho ha sido traducir extractos de un artículo de Mashable! Y os ha parecido muy interesante.

A su vez, eso me resulta muy interesante a mí. Siempre he dicho que da igual a qué nivel, hay que hacer caso de lo que diga la gente, estar pendiente de sus problemas, de sus quejas… y también de sus felicitaciones, cumplidos, retweets… Así que próximamente haré lo posible por estar más aquí con vosotros, con cosas interesantes, dignas de ser compartidas y disfrutadas, y si ayudan un poco a vuestra productividad / creatividad / inspiración o vete tú a saber qué más… mejor que mejor. Esa es la idea.

Para que luego digan que Twitter no es una herramienta poderosa. Gracias pío pío… y gracias a vosotros 😉

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El Corte Inglés: Cómo cavar tu propia tumba en social media

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Y no hace falta que El Corte Inglés esté inmerso en internet y tenga Twitter y todo eso para decir que esté en Social Media: Como alguien dijo hace un tiempo, el mero boca a boca ya es un medio social básico, y lo cierto es que El Corte Inglés hace bien poco por mejorar su imagen de marca.

Así lo muestra este post en el blog de Antonio Domingo, en el que narra una experiencia muy desagradable en este establecimiento. No he podido menos que dejar mi comentario, que os reproduzco aquí:

“Hola.

Mi opinión es parecida a la de Antonio Domingo, aunque no soy tan habitual del Corte Inglés como él ni he tenido una experiencia tan fea, pero hay que estar ciego para no darse cuenta de hasta qué punto la atención al cliente de ECI es totalmente penosa y se nota mucho que ha empeorado en los últimos tiempos, y me fijo en estas cosas porque me gusta estar al tanto de la imagen que ofrecen las marcas, y ECI es una marca que se la está jugando pero bien.

Para mucha gente, ECI da una imagen demasiado conservadora, antigua, desfasada, y la verdad es que a mí para comprar, ya sea una tele o unos calzoncillos, me incomoda muchísimo que te atienda alguien repeinado con traje y corbata que parece que te está vendiendo un fondo de inversión, que para cobrarte cualquier cosa de más cincuenta euros te tenga esperando un siglo correteando pasillo arriba pasillo abajo buscando nosequé formularios, órdenes de entrega, y nosequé papeles que en lugar de darte un BluRay parece que te está arreglando la declaración de la renta de los próximos 15 años.

Eso sin contar con las vueltas que has tenido que dar para 1) Buscar tú mismo el producto, 2) Encontrar alguien que te atienda, 3) Descubrir que la persona que debería atenderte está en el departamento de al lado charlando con la Puri, 4) Ponerte de morros con esa persona para que entienda que no eres un maniquí, si no un ser humano que está ahí esperando y que igual tiene prisa, 5) No terminar de explicar lo que estás buscando y por la cara ya está diciéndote que no tiene ni idea de qué le estás hablando, etc, etc, etc…

Y encima, cuando tienes algún problema, muchas veces no, de acuerdo, pero muchas otras veces SÍ que pasan cosas como la de los vaqueros de Antonio Domingo, que el problema NO son los vaqueros, sino que TODAS Y CADA UNA DE LAS PERSONAS SIN FALTAR NI UNA SOLA que forman parte de una empresa, deberían ser la imagen de la empresa. Yo siempre digo que da igual qué puesto tengas en una empresa, si estás en contacto con el público, en ese momento tú eres el community manager de la empresa, porque como la cagues en algo, es posible que ese cliente se largue y no vuelva más, o cuanto menos, que diga cosas de tí por ahí como bien ha hecho Antonio Domingo y en menos que canta un gallo tengas un gabinete de crisis que te has currado tú solito y todo por importarte tres pepinos el cliente, que debería ser siempre la prioridad número uno. Ojo, que yo soy de los que piensan que el cliente NO siempre tiene la razón (qué quieres que te diga, si no la tiene pues no la tiene), pero ya esté el cliente super satisfecho o super cabreado, da lo mismo: En todo momento debe tener la sensación de que le están tratando bien y que se vaya contento, sea la situación que sea, tenga él la razón o no la tenga, pero no darle razones para no volver, o que no pueda decir que no le han querido ayudar, o que han sido unos incompetentes o unos maleducados. Eso nunca.

Y el Corte Inglés parece que se piensa que “buena imagen” es llevar corbata. Pues no, para nada.

Carlos J. de Pedro – http://www.bizilagundesign.com”.

¿Qué significa realmente “viral”?

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Ayer me encontré con este interesante comentario de Emilio Márquez:

La publicidad viral es una de las modas más constantes de estos últimos años en Internet, que cómo todas las modas y booms acabará desgastándose de tanto usarla con el hastío de unos consumidores cada vez menos receptivos. Todas las grandes marcas se pelean por perseguir el concepto de viralidad cuando en realidad sólo debería aplicarse en determinados casos, sobre todo en las redes sociales, que son entornos propicios a estas campañas. Pero para conseguir un buen viral hace falta algo más que mucha imaginación: la atención de un público que ahora, a diferencia de en la publicidad tradicional, está vivo y da su opinión, positiva o negativa según su criterio independiente.

Tener una buena idea para una campaña de marketing viral es necesario. La planificación es igual de necesaria en estos casos, pues se necesita una estrategia clara, preparada y abierta a cambios en tiempo real durante el transcurso del viral. Y es que puede que nuestro mensaje se interprete de una forma determinada ajena a nuestras intenciones dado el interactivo del medio al que se expone el mensaje.

Un caso significativo fue la campaña “Esto lo arreglamos entre todos”, en la que la Cámara de Comercio y otras entidades apostaron fuerte económicamente, y que contó con el apoyo de expertos publicistas nacionales, pero cuyo resultado final fue completamente contrario. El objetivo fue convencer al ciudadano para que arrime el hombro, y lo arrimó, sí, pero no para colaborar, sino para criticar la campaña.

Y lo más humorístico fue la contra-campaña que se marcó de manera anónima y que con una ínfima inversión consiguió aunar fuerzas e impactar más que la campaña original. Así funcionan los virales en las redes sociales: el ser humano está completamente vivo en la red y sabe cuándo y qué debe decir. El resultado de este experimento del marketing demuestra que en la red no caben ciertas argucias antes posibles.

Que el usuario tenga sangre por sus venas y pueda demostrarlo también me lleva a pensar en otras campañas virales que se han gestado lejos de grandes marcas y que se han desarrollado por obra y gracia del internauta aficionado. Un caso reciente es el de la firma Smirnoff, que se vio involucrada en un portal viral de éxito realizado por una persona completamente ajena a la marca.

En este caso, la marca de alcohol actuó directamente sobre el portal, que invitaba a los internautas a participar en un juego para el que era necesario comprar un producto de la firma, y decidió promover el cierre de la página para impedir que su imagen quedase mancillada de alguna forma. Esta idea web que se fraguo fuera de los despachos de los directivos de marketing de la empresa estaba funcionando incluso bien.

La publicidad viral es imprevisible. Por un lado, la misma que tu ejecutas, la que sale de tus planes, puede tornarse en tu contra si te descuidas (o si los usuarios quieren); por otro, los mismos internautas pueden generar campañas capaces de hacer sombra a tus acciones más medidas. La pregunta es: ¿compensa embarcarse en campañas de publicidad viral?

Y entonces es cuando a mí me da por pensar -una vez más, porque es constante últimamente- en hasta qué punto es honesto esto de embarcarse en campañas de publicidad viral. Vale, que el mundo de la publicidad a veces es lo más honesto y a la vez lo más falso que se pueda uno echar a la cara, eso lo sabemos todos, pero no me convence del todo… propio, digámoslo así, que llegue un cliente y diga: “Oye, quiero una campaña viral”. Por supuesto que todo el mundo quiere una campaña viral, desde Nike hasta el bar de la esquina, pero hasta hace no mucho tiempo, un viral no era más que una campaña normal y corriente que por su originalidad o por cualquier otro aspecto, calaba especialmente entre la gente, que se encargaba -y encarga- de darle bombo hasta vete tú a saber dónde.

Dejando a un lado muchos casos de publicidad BTL que son para quitarse el sombrero, o de algún que otro video de YouTube que se convierte en trend topic en cuestión de horas por alguna razón más o menos evidente (se me viene a la cabeza el flashmob masivo de Black Eyed Peas con Oprah Winfrey), a mí eso de presentarse con la intención de crear una campaña viral me huele demasiado; me huele a “‘¡yo también quiero, yo prime, yo prime!”. Pues claro que a todos nos gustaría que se hablara en todas partes de algo que hemos hecho -y al cliente mucho más- pero ¿no creéis que debería ser por méritos propios? Y por méritos propios también incluyo el buen hacer de un community manager o de cualquier esfuerzo que haga la marca en el internet más social e interactivo, pero sin dejar nunca de lado las auténticas cualidades de aquello que queremos vender, sea un detergente, un nuevo invento, o una idea que cambie el mundo para siempre. Si es lo suficientemente bueno como para convertirse en viral, que se convierta en viral. Ya llegará ese momento si se dan las condiciones oportunas.

Para hacer un símil con los virus físicos, éstos se pasan de persona a persona por los medios que encuentran a su alcance para seguir alimentándose, de forma natural, igual que de forma natural compartimos con los demás cuando algo nos parece interesante, online desde hace unos años y offline desde hace millones.

Si a nadie se le ocurre la idea de que alguien vaya por ahí pinchando a la gente con una jeringuilla para pasar un virus, ¿hasta qué punto tiene sentido crear una campaña de publicidad expresamente como “viral”? ¿No es una forma de traicionar la auténtica viralidad potencial que cualquier campaña podría tener? ¿No es una forma de pretender que pasen años y años y se siga convocando a la gente para bailar I Gotta Feelin’ una y otra vez? ¿Realmente tiene sentido tanto para el anunciante como para la agencia como para ambos conjuntamente que la gente no hable de las características de su marca o su producto, o en ciertos círculos de la calidad creativa de la campaña, sino de una supuesta viralidad de laboratorio? Como alguien dijo en el MAD MMX, reconozcámoslo: estamos aquí para vender. Yo me pregunto: ¿Realmente venden los virus prefabricados? ¿Merece la pena? ¿Somos honestos?

Con buen sabor de boca

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Seguramente alguna vez alguien os ha dicho que probéis una comida sin saber qué era, con cierta desconfianza la has probado, y… eh, está bueno, pero ¿qué es? No sabrías decir qué sabor tiene exactamente, y te preguntas de qué está hecho. Lo único que sabes es que te ha gustado mucho… pero te quedas con las ganas de saber qué era.

Algo así es lo que me queda después de asistir ayer a la Portfolio Night, un evento maravillosamente organizado en Madrid por los chic@s de Leo Burnett, en el que un buen montón de diseñadores, creativos y demás aspirantes a dedicarse al mundo de la publicidad tuvimos la oportunidad de reunirnos, cada uno de nosotros, con tres directores de arte. No tuve que esperar mucho: Apenas un ratito después de charlar con gente que conocí por allí, hicieron un breve speech introductorio y subí como parte del primer turno a la cuarta planta, donde se nos hacía la boca agua en una sala llena de iMacs en reposo rodeados con toda la parafernalia que uno se puede esperar de un estudio creativo: Post-its con frases inspiradoras, gatos chinos de la suerte, papeleo, colorido, y ese orden dentro del caos al que tantos diseñadores estamos acostumbrados.

Y allí me ví, menos nervioso de lo que pensaba -el buen rollo generalizado lo propiciaba- y con más soltura de palabra de la que me caracteriza habitualmente, sentándome junto a tres directores, dos de ellos de Leo Burnett y un tercero de Shackleton. Y les gustó mi material. Lo que vieron no estaba mal, gráficamente no estaba mal logrado, y captaron sin problema mi pasión la publicidad. Aplaudieron algunas buenas ideas y aspiraciones -a Shackleton le pareció maravilloso animar a las pequeñas y medianas empresas a hacerse publicidad en serio– y su consejo fue estupendo.

Sí, su consejo, en singular, porque los tres directores me dijeron lo mismo: “Decídete”. Y es que la mayoría, o buena parte, de los que estuvimos allí ayer pecamos de lo mismo: Mucha gráfica, mucho cartel, mucho logotipo, pero ¿qué hay detrás de todo aquello? Y es que les parecía muy bien que haya hecho un catálogo para un salón de peluquería y estética, que dentro de poco os enseñaré, pero lo que tuve que haber previsto es que en una agencia de publicidad, no les importa tanto el resultado final de aquello que me ha estado quemando las pestañas delante de la pantalla durante semanas, o lo chulo que sea un logo, o lo llamativo que sea un cartel, sino todo lo que hay detrás, las tripas del proyecto, el desarrollo del briefing, las notas, la idea detrás del cartel, de por qué esos colores y no otros, de cómo el cliente va a vender más y mejor -sea un producto o una imagen de marca o un sentimiento o lo que sea que deba venderse- y todas esas cosas que engloban lo que conocemos como publicidad. Todo el enorme culo sumergido que tiene el iceberg de la publicidad, y no solo la parte que queda por encima de la superficie y que la gente ve cuando enciende la tele o pasa las hojas de una revista.

¿Qué quieres ser entonces? ¿Copy? ¿Director de arte? ¿Diseñador gráfico? ¿Creativo? Ayer fui capaz de saborear la experiencia, y me encantó, pero no sabía distinguir los sabores. Hubiera querido volver atrás en el tiempo y volver a preparar un portfolio mejor, con más ideas, con más intención, con más objetivos, con más case study, y no sólo un puñado de imagenes atractivas, por más atractivas que fueran (que tampoco está mal).

Un día después y sin poder ni querer dejar de darle vueltas, creo que solo hay algo que podría gustarme tanto o más que el diseño gráfico, y es el proceso creativo que hay detrás. Las reuniones, los brainstorms, buscar fuentes de inspiración donde menos te lo esperes, callarse la boca y escuchar al cliente explicar a dónde quiere llegar, tratar de dar en el clavo respecto a qué podemos ofrecerle a ese cliente, al tiempo que el resultado sea memorable para el público target, imposible de ignorar. Un spot, un cartel, un anuncio en prensa, que te haga levantarte del sofá, o coger el teléfono, o querer informarse más, querer acercarse al cliente de forma irrefrenable, sentirle como un amigo, como alguien que ha hecho algo por él, como cuando yo veo la “Mano” de BMW y se me ponen los pelos de punta. ¡Después de aquel anuncio es cuando me dí cuenta de que quería sacarme el carnet de conducir, os lo digo en serio!

Y estos tres directores estupendos me han enseñado algo de lo que no siempre era consciente hasta ahora: Que la publicidad está llena de gente muy diferente que aunque trabajan codo con codo y se hacen imprescindibles los unos a los otros, cada uno tiene un papel que cumplir para que todo salga perfecto. Un reloj puede ser muy bonito, pero es inútil si no tiene una maquinaria que cumpla su cometido.

Ahora me toca a mí saber cuál de esos papeles quiero cumplir.

[Muchas más fotos de la Portfolio Night 8 en la página de bizilagun.design en Facebook]

10 formas de iniciar conversaciones en la web social

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Me he permitido traducir este interesante artículo de Rod Low en Social Media Today para todos vosotros… y para veáis lo guay que es saber inglés. ¡APRENDE INGLÉS! De niño me resistía porque no me gustaba estudiar, pero ahora me parece que saber inglés es de lo mejor que he hecho en mi vida, así que no sabes inglés, no sabes la de puertas que tienes cerradas.

¡A lo que vamos! Espero que os resulte muy interesante:

“He estado pensando mucho sobre las conversaciones. Al reflexionar sobre mis éxitos en el mundo del márketing a lo largo de los años me doy cuenta de que todas mis ventas han ocurrido como resultado de conversaciones. Mías… y de otros que hablaban sobre mí.

A veces me pregunto si pasamos demasiado tiempo preocupándonos sobre filtros, tácticas, estrategias, metodologías… y al final del día, parece que el proceso es simple: Primero, identificar a la persona a la que merece la pena conocer. Segundo, encontrar la forma de iniciar una conversación. Esto conduce a una relación. Y una relación de confianza conduce a ventas.

Así pues, aquí hay diez formas -a través de los social media- de iniciar una conversación:

1. Twitter es la forma más fácil, simple y obvia de empezar una conversación. Excepto que al 90% del planeta no le parece tan obvio. Aquí hay un post que escribí en Intrepid para daros pistas simples y fáciles de reconocer para romper el hielo con alguien con a quien quieres conocer.

2. Si oigo una vez más “No entiendo Foursquare o Gowalla”, me voy a meter en un contenedor de basura solitario y hacerme check-in a mí mismo. Si seguiste el primer paso de arriba e identificaste alguien que te parecía importante conocer, la gracia de usar la web social es MONITORIZARLES. Observarles, escucharles, ver qué andan haciendo. Si hacen check-in en Foursquare en un restaurante interesante, o en una librería, o en un cine local, debería resultar obvio qué debería uno hacer para sacarles conversación. (Truco: Pregúntales cómo estaba la comida, qué libro compraron, qué película vieron).

3. Si lees blogs, estupendo, un aprendizaje estupendo. Pero si no estás COMENTANDO en blogs, te estás perdiendo un montón de oportunidades alucinantes para conocer y relacionarte con gente, especialmente la persona que lleva el blog. Así que si me dices que los medios sociales no funcionan sin comentar en blogs importantes de la industria, ya te puedes ir dedicando a freir hamburguesas para ganarte la vida.

3 (ii). Escribe y publica en tu propio blog. Bloguea sobre cosas que te interesen, sobre cosas que le interesan a tu audiencia target. Anímales a participar. ¿Y cuando la gente comente? ¡RESPONDE! Ahí está la clave fundamental. Si no eres el primer comentador de tu propio blog, te mereces que te partan la cabeza con un bate de béisbol.

4. Presenta un programa de radio o un podcast. De lejos, la forma más fácil de conocer gente que importa, gente que le importa a tu negocio. Así que dime, ¿qué es más facil, una fría llamada telefónica, o invitar a alguien a tu programa de radio? Te dejo un segundo para contestar…

Lo mismo pensé yo.

5. Mi colega Stone Payton escribió un post la semana pasada sobre el poder de llevar logotipos en la ropa. Bien, todos sabemos que estoy tan a la moda como el que más (solo comentarios positivos, gracias), y al tanto de todo lo que se lleva. Llevar logotipos en la ropa no tiene estilo. NINGUNO. ¿Entonces, qué tiene esto de interés? Porque la gente que lleva logos en su ropa quieren hablar de logos. Están orgullosos de ello, tienen algo que contar, quieren hablar sobre ello. Así que levanta el culo y pregúntales sobre ello.

Ahora siguen algunos puntos EVIDENTES, pero dignos de mención.

6. ¿Ya has encontrado alguien a quien dirigirte? ¿Tienen blog? Suscríbete a su feed de RSS. Ahora mismo. Te llegará una notificación cuando hayan publicado algo. Perfecto para ir corriendo a comentar. Fácil.

7. Monitoriza lo que la gente dice y postea en Facebook. Deséales feliz cumpleaños y pregúntales qué van a hacer para celebrarlo. ¿No te importan un pepino sus fotos de familia en Disney World? Estás loco: Es una razón perfecta para sacar conversación. Facebook te ofrece MILES de posibilidades cada día para romper el hielo. A no ser que no prestes atención a los muros de la gente o tengas la cabeza enterrada en la arena, hay una larga lista de cosas de las que son fans. Son llamadas de atención para que empieces a expresarte. Nota importante: Se sobreentiende que no habrás picado en esa tontería de que Facebook solo es para los amigos y la familia. Saca la cabeza del barro y únete a los otros 400 millones que andamos por aquí…

8. Si eres un hombre de negocios, es posible que andes por LinkedIn. Pero la mayoría de la gente no se sirve de LinkedIn para iniciar conversaciones. ¿Hay alguien a quien quieras acercarte? Fíjate en qué grupos son activos. ¿Hacen preguntas o las responden? Bien pues, involúcrate. En serio, venga. Si dejan caer una pregunta, ¡te están PIDIENDO QUE TE INVOLUCRES!

8 (ii). Ah, algo más sobre LinkedIn. Por mi parte he decidido NO conectar con nadie que me envíe invitaciones con el mensaje genérico de “quiero añadirte a mi red de contactos”. Qué pérdida de tiempo, qué burla… y QUÉ MALDITA OPORTUNIDAD PERDIDA de poder escribir algo mucho más relevante…

9. Asegúrate de saber contar cosas en tu márketing. A la gente le encanta las historias. A la gente le encanta hablar sobre historias. A la gente le encanta compartir cosas con los demás. Pregunta: ¿Qué haces cuando estás sentado a la mesa tomándote un vino y charlando con los amigos? (Respuesta: Para quien no haya prestado atención, CONTAR COSAS).

10. Recuerda que sitios como YouTube y Flickr son herramientas sociales también. Por alguna razón YouTube y Flickr soliciten COMENTARIOS a sus videos o fotos. A la gente que sube este material le encanta recibir feedback… ¿Se te ha quedado grabado este video? ¿Significa esta foto algo para tí?

Así pues, hay “diez” formas para romper el hielo y empezar conversaciones por medio de las redes sociales. Y hay más, muchísimas más. ¿Se te ocurren otras? Por favor, compártelas en los comentarios.

El caso es que hay una tonelada de conversaciones que ya están en marcha. El mundo es un escenario muy grande. Es necesario, y de hecho te animo, a que tomes parte. ¡Habla!”

La Coca-Cola era mentira…

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Si os digo la verdad, me siento más mal que bien al conocer la noticia. Todo aquello que publiqué hace unas semanas por aquí de que Coca-Cola iba a revolucionar su packaging… es totalmente falso, un fake, un hoax, como lo queráis llamar.

Y es que aquí el amigo, Andrew Seunghyun Kim, es un diseñador que se dedica a inventar diseños de grandes marcas haciéndolas pasar por auténticas. Y un buen día se le ocurrió que podría revolucionar el packaging de Coca Cola. Vale, buena idea, muy verde y todo eso, pero… no sé vosotros, yo hubiera preferido que fuese verdad. Quién sabe, igual hasta algún alto cargo de Coca Cola (a buenas horas) también preferiría que se hiciera realidad y esté sacando el talonario…

[Via Ateneu Popular y Gráffica]

Te queda una hora menos de vida

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Nunca sabes qué va a pasar al minuto siguiente. No sabemos qué nos vamos a encontrar en cuanto salgamos por la puerta, qué llamada telefónica vas a recibir justo cuando termines de leer esto. ¿Volverás a ver a tu pareja? ¿Cuándo fue la última vez que llamaste a tus padres? ¿Irás tú al entierro del padre de un amigo, o irán tus amigos a tu entierro?

No es cuestión de miedo, sino de vivir la vida al máximo. Y vivir la vida al máximo no significa apretar el acelerador a fondo, ni llenarte las venas de alcohol. Vivir la vida al máximo es fijarse en las cosas buenas de aquí, de ahora. En el valor de un abrazo, de demostrarle a un amigo que le quieres, de mirar tu reflejo en los ojos vidriosos de los ancianos, de hacer el amor como si fuera la última vez, de acariciarle el pelo a un niño, de jugar con un perro desconocido, de quedarte sentado mirando cómo se pone el sol… porque amaneceres habrá muchos, pero no sabes si volverás a ver ninguno más.

Reconozcámoslo; no lo sabes. No lo sabemos ni tú, ni yo, ni tu médico, ni la persona que más te quiere en el mundo, y podrás tener muchos sueños cumplidos y otros tantos por cumplir, pero soñar solo es esperar cosas del futuro, y el futuro, querido amigo, no sabes hasta dónde llega. Los sueños no están para ser soñados, sino para ser cumplidos, y esperar a cumplirlos después… es seguir soñando.

Este fin de semana, la noche del sábado al domingo, cuando el reloj marque las dos tendrás que adelantarlo una hora. De pronto… serán las tres. Una hora sin sueños, una hora sin futuro, una hora sin posibilidad alguna de vivir la vida al máximo, ni de hacer todas esas cosas que no hace falta que ni yo ni nadie te explique: Sabes que merecen la pena.

¿Qué mejor momento de empezar a cumplir sueños que ahora mismo?

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