BTL: Infojobs te invita a ocupar tu puesto

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Pues sí, Infojobs ha querido dar un salto de la web a las calles de Madrid en una acción de Street Marketing colocando ayer -con la ayuda de la agencia Estrés- 400 sillas de colores en puntos emblemáticos de la capital.

Según MarketingNews.es: “Para reforzar la acción, desarrollada por la agencia Estrés, también se habilitó el site www.puestosvacantes.com y se repartieron flyers, posters y pegatinas dando a conocer los más de 80.000 puestos de trabajo que había disponibles ayer en el portal de empleo, ofrecidos por más de 10.000 empresas.

Según InfoJobs desde enero de 2010 el portal ha registrado un total de 712.581 puestos vacantes. Actualmente, las áreas profesionales con más puestos de trabajo vacantes son comercial, programación y atención al cliente. Y las empresas que más profesionales demandan son las de Servicios de consultoría, asesoría y auditoría, Informática y telecomunicaciones y Servicios.

Por otra parte, en septiembre, las áreas en las que más ha aumentado la demanda de profesionales en comparación con el mismo mes del año pasado han sido Turismo y restauración, Informática y telecomunicaciones y Diseño y artes gráficas. Contrariamente, los empleos relacionados con Educación y formación, Inmobiliaria y construcción y Finanzas y banca son los que han sufrido un mayor descenso en el número de puestos vacantes”.

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¿Qué significa realmente “viral”?

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Ayer me encontré con este interesante comentario de Emilio Márquez:

La publicidad viral es una de las modas más constantes de estos últimos años en Internet, que cómo todas las modas y booms acabará desgastándose de tanto usarla con el hastío de unos consumidores cada vez menos receptivos. Todas las grandes marcas se pelean por perseguir el concepto de viralidad cuando en realidad sólo debería aplicarse en determinados casos, sobre todo en las redes sociales, que son entornos propicios a estas campañas. Pero para conseguir un buen viral hace falta algo más que mucha imaginación: la atención de un público que ahora, a diferencia de en la publicidad tradicional, está vivo y da su opinión, positiva o negativa según su criterio independiente.

Tener una buena idea para una campaña de marketing viral es necesario. La planificación es igual de necesaria en estos casos, pues se necesita una estrategia clara, preparada y abierta a cambios en tiempo real durante el transcurso del viral. Y es que puede que nuestro mensaje se interprete de una forma determinada ajena a nuestras intenciones dado el interactivo del medio al que se expone el mensaje.

Un caso significativo fue la campaña “Esto lo arreglamos entre todos”, en la que la Cámara de Comercio y otras entidades apostaron fuerte económicamente, y que contó con el apoyo de expertos publicistas nacionales, pero cuyo resultado final fue completamente contrario. El objetivo fue convencer al ciudadano para que arrime el hombro, y lo arrimó, sí, pero no para colaborar, sino para criticar la campaña.

Y lo más humorístico fue la contra-campaña que se marcó de manera anónima y que con una ínfima inversión consiguió aunar fuerzas e impactar más que la campaña original. Así funcionan los virales en las redes sociales: el ser humano está completamente vivo en la red y sabe cuándo y qué debe decir. El resultado de este experimento del marketing demuestra que en la red no caben ciertas argucias antes posibles.

Que el usuario tenga sangre por sus venas y pueda demostrarlo también me lleva a pensar en otras campañas virales que se han gestado lejos de grandes marcas y que se han desarrollado por obra y gracia del internauta aficionado. Un caso reciente es el de la firma Smirnoff, que se vio involucrada en un portal viral de éxito realizado por una persona completamente ajena a la marca.

En este caso, la marca de alcohol actuó directamente sobre el portal, que invitaba a los internautas a participar en un juego para el que era necesario comprar un producto de la firma, y decidió promover el cierre de la página para impedir que su imagen quedase mancillada de alguna forma. Esta idea web que se fraguo fuera de los despachos de los directivos de marketing de la empresa estaba funcionando incluso bien.

La publicidad viral es imprevisible. Por un lado, la misma que tu ejecutas, la que sale de tus planes, puede tornarse en tu contra si te descuidas (o si los usuarios quieren); por otro, los mismos internautas pueden generar campañas capaces de hacer sombra a tus acciones más medidas. La pregunta es: ¿compensa embarcarse en campañas de publicidad viral?

Y entonces es cuando a mí me da por pensar -una vez más, porque es constante últimamente- en hasta qué punto es honesto esto de embarcarse en campañas de publicidad viral. Vale, que el mundo de la publicidad a veces es lo más honesto y a la vez lo más falso que se pueda uno echar a la cara, eso lo sabemos todos, pero no me convence del todo… propio, digámoslo así, que llegue un cliente y diga: “Oye, quiero una campaña viral”. Por supuesto que todo el mundo quiere una campaña viral, desde Nike hasta el bar de la esquina, pero hasta hace no mucho tiempo, un viral no era más que una campaña normal y corriente que por su originalidad o por cualquier otro aspecto, calaba especialmente entre la gente, que se encargaba -y encarga- de darle bombo hasta vete tú a saber dónde.

Dejando a un lado muchos casos de publicidad BTL que son para quitarse el sombrero, o de algún que otro video de YouTube que se convierte en trend topic en cuestión de horas por alguna razón más o menos evidente (se me viene a la cabeza el flashmob masivo de Black Eyed Peas con Oprah Winfrey), a mí eso de presentarse con la intención de crear una campaña viral me huele demasiado; me huele a “‘¡yo también quiero, yo prime, yo prime!”. Pues claro que a todos nos gustaría que se hablara en todas partes de algo que hemos hecho -y al cliente mucho más- pero ¿no creéis que debería ser por méritos propios? Y por méritos propios también incluyo el buen hacer de un community manager o de cualquier esfuerzo que haga la marca en el internet más social e interactivo, pero sin dejar nunca de lado las auténticas cualidades de aquello que queremos vender, sea un detergente, un nuevo invento, o una idea que cambie el mundo para siempre. Si es lo suficientemente bueno como para convertirse en viral, que se convierta en viral. Ya llegará ese momento si se dan las condiciones oportunas.

Para hacer un símil con los virus físicos, éstos se pasan de persona a persona por los medios que encuentran a su alcance para seguir alimentándose, de forma natural, igual que de forma natural compartimos con los demás cuando algo nos parece interesante, online desde hace unos años y offline desde hace millones.

Si a nadie se le ocurre la idea de que alguien vaya por ahí pinchando a la gente con una jeringuilla para pasar un virus, ¿hasta qué punto tiene sentido crear una campaña de publicidad expresamente como “viral”? ¿No es una forma de traicionar la auténtica viralidad potencial que cualquier campaña podría tener? ¿No es una forma de pretender que pasen años y años y se siga convocando a la gente para bailar I Gotta Feelin’ una y otra vez? ¿Realmente tiene sentido tanto para el anunciante como para la agencia como para ambos conjuntamente que la gente no hable de las características de su marca o su producto, o en ciertos círculos de la calidad creativa de la campaña, sino de una supuesta viralidad de laboratorio? Como alguien dijo en el MAD MMX, reconozcámoslo: estamos aquí para vender. Yo me pregunto: ¿Realmente venden los virus prefabricados? ¿Merece la pena? ¿Somos honestos?

Y tú… ¿prefieres la via rápida?

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Me encanta el street marketing y el BTL en general. Y me encantan las campañas de Volkswagen. Lo que no sabía -aunque era fácil de deducir- es que se lo currasen tan bien combinando las dos cosas.

“The slide” (el tobogán) es una acción puesta en marcha en Alexanderplatz, una importante estación de metro de Berlín para promocionar el nuevo Polo GTI, para quienes les gusta ir… un poco más rápido.

Más acciones slimilares dentro de la misma campaña en la página de Volkswagen en Facebook.